Daniel Padilla, E&OM trends, una vision muy personal.

Bienvenidos a mi blog. Mi nombre es Daniel Padilla (1981), la idea de este blog es compartir con ustedes ideas y experiencias sobre emprendimientos y conocimiento de online media

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Hace unos cuantos días que estoy pensando sobre la pasión y la razón que debemos ponerle a los proyectos que emprendemos. Evidentemente ambas son sumamente importantes, aunque cuando hablamos de negocios e inversión, la razón es la que debe de primar.
Este pensamiento viene encadenado al valor emocional que poseen los proyectos para un emprededor, que para mi es totalmente separado al valor económico (viabilidad y utilidad) del proyecto en sí.
Uno de los grandes errores al emprender, es que el valor emocional (confiar en la idea, sobrevalorar el proyecto por convicciones personales) es mucho más fuerte e impulsivo que el valor racional, lo que nos lleva a desarrollar determinadas ideas que no son del todo solidas a nivel económico o práctico.
A los largo de mi experiencia he tenido la enorme suerte de compartir muchas conferencias y charlas con exitosos emprendedores. No conozco ninguno que no le agregue pasión a sus ideas, pero sin dudas la mayor lección que he aprendido de todos ellos y de mi experiencia en sí, es que a la hora de desarrollar o analizar un emprendimiento, debemos rodearnos de personas, que desde una mirada externa le agreguen la racionalidad que tal vez nosotros no podemos o no queremos dar.
Esta visión no solo se acota a la etapa inicial, sino que durante el día a día del proyecto es fundamental, ya sea en momentos de grandes ganancias o sobretodo en momentos de perdidas.
Por más identificados que estemos a nuestras empresas, el emprendedor debe ser frío para analizar el estado de situación y tener la suficiente inteligencia de poder hacer cambios, en caso de ser necesario, sin tener porque cambiar la esencia de la idea.
Generalmente la pasión y la razón, se cruzan en los extremos, ya sea porque el proyecto va mal o todo por el contrario, cuando estamos en etapas de éxito y una venta se aproxima. Esta última situación me ha tocado varias veces, pero será tema de otro post.

Hace unos cuantos días que estoy pensando sobre la pasión y la razón que debemos ponerle a los proyectos que emprendemos. Evidentemente ambas son sumamente importantes, aunque cuando hablamos de negocios e inversión, la razón es la que debe de primar.

Este pensamiento viene encadenado al valor emocional que poseen los proyectos para un emprededor, que para mi es totalmente separado al valor económico (viabilidad y utilidad) del proyecto en sí.

Uno de los grandes errores al emprender, es que el valor emocional (confiar en la idea, sobrevalorar el proyecto por convicciones personales) es mucho más fuerte e impulsivo que el valor racional, lo que nos lleva a desarrollar determinadas ideas que no son del todo sólidas a nivel económico o práctico.

A los largo de mi experiencia he tenido la enorme suerte de compartir muchas conferencias y charlas con exitosos emprendedores. No conozco ninguno que no le agregue pasión a sus ideas pero, sin dudas, la mayor lección que he aprendido de todos ellos y de mi experiencia en sí, es que a la hora de desarrollar o analizar un emprendimiento, debemos rodearnos de personas que, desde una mirada externa, le agreguen la racionalidad que tal vez nosotros no podemos o no queremos dar.

Esta visión no sólo se acota a la etapa inicial, sino que durante el día a día del proyecto es fundamental, ya sea en momentos de grandes ganancias o, sobretodo, en momentos de pérdidas.

Por más identificados que estemos a nuestras empresas, el emprendedor debe ser frío para analizar el estado de situación y tener la suficiente inteligencia de poder hacer cambios, en caso de ser necesario, sin tener porque cambiar la esencia de la idea.

Generalmente la pasión y la razón se cruzan en los extremos, ya sea porque el proyecto va mal o todo por el contrario, cuando estamos en etapas de éxito y una venta se aproxima. Esta última situación me ha tocado en varias oportunidades, pero será tema de otro post.

Los emprendedores no somos personas simples de comprender, pero sin dudas una de las caracteristicas que más llama la atención es nuestro “horario” de trabajo.

En la vida de las empresas distingo tres grandes áreas: a) Creación, b) Planificación, c) Ejecución . Sin lugar a dudas que los emprendedores son fundamentales para la primer y segunda área, pero tal vez, el tercer sector de ejecución sea el más dificil de desarrollar y se debe justamente a sus horarios.

Los emprendedores son empresarios que poseen una visión distinta al resto, que les permite desarrollar su propio camino y definir sus estrategias. El trabajo del emprededor es “crear” un camino donde no lo hay y pensar la mayor cantidad de herramientas para guiar a la empresa por un sendero exitoso.

Justamente esa creación, no se detiene nunca y constantemente los emprendedores estamos buscando y pensando alternativas para nuestros proyectos (existentes o futuros). Por este motivo, el emprendedor no tiene horarios preestablecidos, sino que como un artista posee momentos de inspiración y creación en horas o situaciones donde muchos ni pensarían en trabajo.

Durante toda mi etapa de emprendedor, me ha sido sumamente dificil poder adaptarme a un horario laboral normal, que coincida con el de la mayoría del equipo operativo. Mas alla de ser un poco perezoso lo admito, siempre me ha costado poder estar a las 9 de la mañana en la oficina. Por ello es fundamental más alla del proyecto en sí, poder reunir un grupo de trabajo en el cual poder confiar para la ejecución de los proyectos.

Cuando hablo de confiar, no me refiero a que no solo a que no divulguen información confidencial, sino a que sean capaces de desarrollar actividades como si uno ni siquiera estuviera en la oficina y posean independencia en su área de gestión. En mi caso, esto me ha llevado algún tiempo conseguirlo y recién ahora (luego de varios grupos en Buenos Aires y Montevideo) puedo decir que hemos logrado el equilibrio casi ideal.

El emprendedor no solamente tiene horarios “distintos”, sino que además por su vinculación con los proyectos (y al menos es mi caso), destina mucho tiempo para actividades que no son específicas del emprendimiento, pero lo ayudan a cristalizarse, como potenciales alianzas, viajes de negocios, presentaciones a inversores y por supuesto muchos reportes financieros y de RRHH.

Esto no es un detalle menor, ya que muchas veces las personas que participan en la empresa, no tienen claro cual es el verdadero rol del emprendedor en la misma y los horarios cambiados hacen pensar que es en realidad un jefe que solo exige y no cumple a la par. No me refiero a que un emprendedor deba dejar influenciarse por lo que opine el resto, sino lo importante es que el equipo conozca la verdadera responsabilidad para que entienda que su trabajo es en realidad mucho más continuo que el resto.

En mi caso, siempre pienso más tranquilo una vez que la mayoría de los empleados abandonaron la empresa y sobretodo por las noches. Es muy dificil poder irme de la oficina antes de las 21/21.30 o pensar en acostarme antes de la 1 o 2 de la mañana todos los dias, inclusive este horario se estira muy a menudo.

Según mi experiencia, el emprendedor debe sacrificarse y mucho en las etapas iniciales, para poder estar a la par de sus empleados. Una vez obtenido el punto de equilibrio, ya conocemos mucho mejor de quien nos rodeamos, pudiendo confiar y delegar tareas al equipo de trabajo. Además la “estabilidad” de recursos siempre nos permite pensar de una manera más amplia y ordenada, lo que hace más saludable al proyecto sí.