Emprendedor Serial o Pasional

Hace unos cuantos días que estoy pensando sobre la pasión y la razón que debemos ponerle a los proyectos que emprendemos. Evidentemente ambas son sumamente importantes, aunque cuando hablamos de negocios e inversión, la razón es la que debe de primar.
Este pensamiento viene encadenado al valor emocional que poseen los proyectos para un emprededor, que para mi es totalmente separado al valor económico (viabilidad y utilidad) del proyecto en sí.
Uno de los grandes errores al emprender, es que el valor emocional (confiar en la idea, sobrevalorar el proyecto por convicciones personales) es mucho más fuerte e impulsivo que el valor racional, lo que nos lleva a desarrollar determinadas ideas que no son del todo solidas a nivel económico o práctico.
A los largo de mi experiencia he tenido la enorme suerte de compartir muchas conferencias y charlas con exitosos emprendedores. No conozco ninguno que no le agregue pasión a sus ideas, pero sin dudas la mayor lección que he aprendido de todos ellos y de mi experiencia en sí, es que a la hora de desarrollar o analizar un emprendimiento, debemos rodearnos de personas, que desde una mirada externa le agreguen la racionalidad que tal vez nosotros no podemos o no queremos dar.
Esta visión no solo se acota a la etapa inicial, sino que durante el día a día del proyecto es fundamental, ya sea en momentos de grandes ganancias o sobretodo en momentos de perdidas.
Por más identificados que estemos a nuestras empresas, el emprendedor debe ser frío para analizar el estado de situación y tener la suficiente inteligencia de poder hacer cambios, en caso de ser necesario, sin tener porque cambiar la esencia de la idea.
Generalmente la pasión y la razón, se cruzan en los extremos, ya sea porque el proyecto va mal o todo por el contrario, cuando estamos en etapas de éxito y una venta se aproxima. Esta última situación me ha tocado varias veces, pero será tema de otro post.

Hace unos cuantos días que estoy pensando sobre la pasión y la razón que debemos ponerle a los proyectos que emprendemos. Evidentemente ambas son sumamente importantes, aunque cuando hablamos de negocios e inversión, la razón es la que debe de primar.

Este pensamiento viene encadenado al valor emocional que poseen los proyectos para un emprededor, que para mi es totalmente separado al valor económico (viabilidad y utilidad) del proyecto en sí.

Uno de los grandes errores al emprender, es que el valor emocional (confiar en la idea, sobrevalorar el proyecto por convicciones personales) es mucho más fuerte e impulsivo que el valor racional, lo que nos lleva a desarrollar determinadas ideas que no son del todo sólidas a nivel económico o práctico.

A los largo de mi experiencia he tenido la enorme suerte de compartir muchas conferencias y charlas con exitosos emprendedores. No conozco ninguno que no le agregue pasión a sus ideas pero, sin dudas, la mayor lección que he aprendido de todos ellos y de mi experiencia en sí, es que a la hora de desarrollar o analizar un emprendimiento, debemos rodearnos de personas que, desde una mirada externa, le agreguen la racionalidad que tal vez nosotros no podemos o no queremos dar.

Esta visión no sólo se acota a la etapa inicial, sino que durante el día a día del proyecto es fundamental, ya sea en momentos de grandes ganancias o, sobretodo, en momentos de pérdidas.

Por más identificados que estemos a nuestras empresas, el emprendedor debe ser frío para analizar el estado de situación y tener la suficiente inteligencia de poder hacer cambios, en caso de ser necesario, sin tener porque cambiar la esencia de la idea.

Generalmente la pasión y la razón se cruzan en los extremos, ya sea porque el proyecto va mal o todo por el contrario, cuando estamos en etapas de éxito y una venta se aproxima. Esta última situación me ha tocado en varias oportunidades, pero será tema de otro post.